Sus investigaciones no se basan solo en el
trabajo documental, también en entrevistas a las víctimas del terror nazi y a
los perpetradores. Por eso, porque se escuchan las voces sin arrepentimiento de
los asesinos, resulta tan impresionante su trabajo. Su nuevo ensayo, de casi
600 páginas, arranca en 1919 con una carta de Hitler en la que ya atribuía
todos sus males, y los de la nación alemana, a los judíos y acaba con la caída
del Tercer Reich y la liberación de los campos.
Pregunta. El sábado se produjo en Varsovia
una manifestación con 60.000 personas que pedían pureza de sangre. Tras haber
pasado su vida estudiando el Holocausto y el nacimiento del nazismo, ¿hasta qué
punto le preocupa el resurgir de la ultraderecha?
Respuesta. Mucho. De hecho, acabo de
escribir un pequeño ensayo que se publicará en Amazon sobre advertencias
específicas que nos está enviando la historia. Dirigí hace 20 años la serie
Nazis: un aviso de la historia. Sin embargo, creo que debemos observar la
historia con humildad, que cuanto más estudiamos las comparaciones son más
difíciles. No se puede decir esto es como Trump, como el Brexit: las
comparaciones directas no funcionan, pero sí las conceptuales. Por ejemplo, una
de las cosas más importantes que he comprendido sobre la condición humana tras
estudiar el ascenso del nazismo es lo tremendamente frágiles que son las
instituciones, mucho más frágiles de lo que queremos creer. En 1928 en
Alemania, los nazis lograron el 2,6% de los votos, eran una broma, no había
ningún problema con la democracia. Cuatro años más tarde, en 1932, una mayoría
de alemanes votó a favor de comunistas o nazis que defendían públicamente la
destrucción de la democracia. ¿Qué ocurrió? ¿Se había convertido Hitler en un
personaje más carismático? No, fue la catástrofe económica, el desempleo, el
hundimiento de la clase media. La gente creyó que necesitaba un cambio y se
puso a buscar políticos sin experiencia. Recuerdo que en una entrevista a un
alemán le pregunté: ‘¿cómo pudo votar por Hitler si no tenía ninguna
experiencia en política y no creía en la democracia?’ y me respondió: ‘Mire
dónde nos llevaron los políticos con experiencia. Necesitábamos un cambio’.
P. Se pueden trazar paralelismos con lo que
estamos viviendo…
R. Sin duda, pero prefiero que sean los
lectores los que establezcan las comparaciones, no yo.
P. ¿Le preocupa el poder de la propaganda?
En su libro usted mantiene que la propaganda desempeñó un papel esencial en que
el Holocausto fuese posible.
R. Una cosa muy interesante sobre el
antisemitismo es que, en 1928, cuando logró el 2% de los votos, Hitler era muy
duro con los judíos en sus discursos, pero no logró apoyos. En las siguientes
elecciones los descafeinó. Solo cuando llega al poder, y tiene en sus manos el
sistema educativo, las radios y todo lo demás, se lanza por completo al
antisemitismo, que tiene efectos sobre todo en los jóvenes. He conocido a mucha
gente que era joven en los años treinta y que estaba convencida de que los
judíos eran un auténtico peligro porque se lo repetían constantemente desde los
tres años. Los seres humanos son increíblemente maleables.
P. ¿Cree que hay cosas en el Holocausto que
estarán siempre más allá del entendimiento humano, como los Sonderkommando, los
judíos obligados a ayudar a los nazis en el exterminio?
R. La persona más importante que he
conocido en mi vida fue precisamente un Sonderkommando que me dijo: ‘Los seres
humanos nunca podremos saber de lo que somos capaces’. Y creo que también se ha
subestimado el poder del sadismo. Creo que hay una parte muy oscura en la
humanidad. Christopher Browning mantenía que es muy significativo que nunca
haya fracasado un genocidio en la historia por la falta de personas dispuestas
a asesinar.
Laurence Rees: “Nunca fracasó un genocidio por falta de gente dispuesta a asesinar”
15/Nov/2017
El País, España, Por Guillermo Altares